Descripción
Doña Pura esperaba la muerte en minutos entre el dolor, la pena, el miedo y la esperanza. Por fin diría adiós a las mil pastillas, a las vecinas de arriba y sus gritos, a la portera y sus cotilleos, a las comidas sin sal, sin azúcar y sin “na”, a los telediarios con un sinfín de malas noticias, a la soledad mirando a ninguna parte. Bueno, eso no era cierto, mirando al pasado. Recordando las tardes al sol con su mejor amiga, el tierno abrazo de sus hijos cuando eran pequeños o el sabor del cocido de su suegra. Se sonrió.
Ella esperaba ir a un lugar más tranquilo, en el que no hubiera dolor, dudas o preocupación. En definitiva, esperaba ir al cielo. ¿Qué menos? Después de una vida dedicada a hacer el bien a todos. Había dicho que no a tantas cosas por amor. Dijo que no a su primer amor por casarse con el médico del barrio. Dijo que no a montar su peluquería para criar a sus hijos. Dijo que no a tantas cosas por amor… que el cielo, blanco y puro como su nombre, la esperaba con las puertas abiertas de par en par. ¡Ya lo veía!
¿Qué te imaginas que sucedió?








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